miércoles, 26 de octubre de 2016

Si te vas (Accésit)


Al amanecer te echo de menos…
Añoro tus labios, sedosos, dulces, transparentes,
y todo lo que subrayan: locuras, demencias desmedidas, realidades a medias.
Confieso que me convierto en creyente cada mañana,
cuando observo tu despertar gracioso, y tus donaires de lozanía,
solo explicables al ver tus ojos llenos de vida y sueños.

A media mañana te echo de menos…
Evoco tus cabellos, negros, ingenuos, tiernos,
y su aroma característico: jazmín, incienso y ciruelas maduras.
Descubro que sin ellos me asfixiaría,
me volvería pequeño e insignificante hasta la muerte,
indigno y atroz sin sus propiedades curativas.

A mediodía te echo de menos…
Recuerdo tus ojos, grises, saltarines, excesivos,
y todo lo que miran: paisajes, hechos insólitos, personas queridas.
Declaro que me vuelven loco poco a poco,
al contemplar las impacientes pupilas que desean mirarlo todo,
después de invertir todo el tiempo en disfrutar el día.

Al atardecer te echo de menos…
Pienso en tus manos, juguetonas, incansables, pertinaces,
y lo que me hacen sentir: apetito, ilusiones renovadas, confianza.
Confieso que me disipo sin ellas,
porque me dan alegría y savia, porque me envuelven de hechizos eternos,
sin los cuales sería imposible seguir viviendo.

Mientras anochece te echo de menos…
Proyecto tus pechos, pequeños, compactos, dulces,
y saboreo la sensación de tenerlos entre mis dedos: aguamiel, caramelo, fresa.
Descubro mi necesidad obsesiva,
mis miserias y penurias, siempre venidas a menos
cuando los beso y arrullo sin temor a nada.

De madrugada te echo de menos…
Dibujo tu cintura, estrecha, tortuosa, candente,
y con colores tenues la marco como algo mío: limpia, delicada, cristalina.
Declaro que soy adicto a ella, a su tacto complaciente,
a su forma de infinito perfecto, de estrella fugaz dorada,
a su olor de noche mojada y al sabor de dátiles aterciopelados.

Siempre te echo de menos…
Me recreo en tu risa, espontánea, rosa, apasionada,
y en su sonido embriagador cuando se produce sin motivo aparente.
Confieso que amo ese eco, tan inesperado como apetitoso,
ese susurro que convierte mis ganas en deseo, mis canas en cabellos brunos, 
ese rumor que despierta todo lo que hasta ahora permanecía en silencio.

Nunca dejo de echarte de menos…
Pienso en tu ausencia, doliente, taciturna, feroz,
y en mi turbadora presencia si no estás tú.
Descubro mi vida desolada, serena y sosegada, humilde y blanca,
y no es lo que yo había soñado: torbellino, marejada, osadía, inseguridad;
todo lo que tú encarnas es para mí oración.

Hoy te echo de menos…
Rememoro los momentos compartidos contigo, entretenidos, vehementes, ajados,
y pienso en los que tú has vivido a solas: oscuros, furtivos, recónditos.
Sin ti todo es sombrío, lleno de oscuridades, estrellas mortecinas,
y rezo para que vengas cada día, cada hora, cada semana
al templo de mi vida donde el altar más puro está reservado para ti.
Te echo de menos…













Dña. Sandra Pérez Mercader, ganadora de un accésit en el VI Certamen Poético Comunidad Valenciana Grupo Artístico Literario Numen por su poema SI TE VAS

©Desirée (Foto)

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