POEMAS PREMIADOS EN EL XV CERTAMEN POÉTICO DE LA COMUNIDAD VALENCIANA
GRUPO ARTÍSTICO Y LITERARIO NUMEN 2026
Carlos Rubio Garro ganador del segundo premio "Grupo Numen".
DECLINACIÓN MAGNÉTICA
Me adhiero a ese magnetismo tan tuyo
y a esa forma de enceguecer los silencios.
La primavera cabalga a lomos de tu antebrazo tan total
y el caballo es una antigüedad que te ama a galope, a golpes de mí.
Fragmentos del imán, caimán cosido a tu boca.
Segmentos del mineral, mi heraldo que gravita.
Encuentro metales pesados en tu urbe casi extinta
y cierta sustancia adictiva —amor, su toxicomanía distinta—
en tu boca que emite nieblas de deseo y una novela rosa
en verso heptasílabo.
Figúrate qué instinto de flora crece
cuando el vigía del faro de Alejandría nos anuncia
una proa mugiendo, un beso de párpado
o una palabra mía que combustiona brújulas del Labio.
Es entonces cuando tengo una atmósfera propia en tu aliento,
cuando encuentro una noción de deseo en tu abdomen.
No sé por qué tengo esa obsesión de abrir la palma de mi mano,
colocarla en tu vientre y calcular la dimensión de tu alma;
medir las transiciones de tu mat(r)iz.
Conquistas cotidianas de tu habla
que rememoran nuestra fugitiva Evasión hacia el fondo.
Este odio alternativo que te (ll)ama.
Tu frecuencia de paréntesis multiplicándose.
Y este abecedario que avanza despacio,
que sólo salta de letra cuando equis es éxtasis.
Pongo tanta atención cuando te amo
que mueren las jerarquías de las mariposas.
La cartografía ejemplar de tu cuerpo traza mapamundis indescifrables.
Tus manos obreras salvan al mundo mientras los párpados ceden.
Tranquila, no dormiremos jamás en La habitación de Arles.
Sí, no vayas a decir que no la conoces:
confía en tu memoria de anfibio hermoso. Tanto da.
Has conseguido dormir en una cama más huyente, más afluente.
Con su sábana que hunde menta y chocolate.
Con un jergón más cerca del infierno de lo habitual.
La gata que juega a ser espectro,
que coquetea con incendiarse los bigotes entrecanos.
La televisión prendida y mi negativa ardiendo.
Tú también sabes palpar el color dorado
y entregar tus sonidos a mi tímpano que pinta al óleo.
No es menester que salga a la pizarra,
pero tómate en serio las advertencias del idioma,
las precauciones de la morfosintaxis.
Lo digo (sospecho que lo sabes) porque elegiste decir "siempre"
y los adverbios de tiempo no admiten bromas de ningún tipo
y castigan a quienes los usan en vano. Nieva en Pandemónium.
La mañana (con su sabor a ruina acrílica y a festivo sucesivo)
es un timbre que despierta su sonido de embarcación huyendo.
Queda tu recuerdo un tanto lejos,
mientras muere el marinero que zarpó de tu vela hasta tu cigarrillo.
Y yo, que veo al cirio llorar su lágrima cérea como un etcétera,
espero una ocasión propicia para encender tu cuerpo combustible,
para derramar palabras
frac— tu— ra— das en tu espalda
para presentir tu temblor que viene de puntillas — sin aviso— hacia mí.
Y hay una imaginación de dios contra titán
y de un nuevo pitillo en el banco rotulado
mientras tus pestañas no cesan.
Justicia poética lo llamo yo entre dientes.
Mila Pacheco Aracil, ganadora del tercer premio "Revista Numen".
LA GEOMETRÍA DEL MIEDO
He pasado el otoño algo ausente, temporal. Como la mente de aquella novia que en tierra queda, tras despedir al amado que la patria a filas llama. Descanso la vida y levanto los pies para una correcta circulación sanguínea. ...Y cierro los ojos. La palidez de las paredes refleja la luz del sol que entra por la persiana, a través de una varilla rota que el granizo apedreó. ...La siento. Parpadeo el bullicio del mundo sin elegir punto de mira ...y sigo callada, como si allí nadie estuviera, como si el mundo fuera invisible o inexistente. ...Y abro los ojos. La palidez de las paredes sigue reflejando la luz del sol. ...Ahora la siento y la veo. Mas el mundo... no respira. El mundo continua invisible e inexistente, mudo, insensible e inexplicablemente ausente, permanente. ¿Por qué agujero se pierde la humanidad? Persianas enrollables debieran colocar los ángeles, colgadas de las nubes, para que el mundo "mirara, viera y leyera" con luz de cielo. Y tengo miedo a ser feliz, al calor humano de un edredón. A otra mano que coja mi mano y bese sus dedos en el silencio del amor. Tengo miedo a ser feliz, a la evolución de ese amor, a que la luna ilumine sombras del ayer, al susurro de una voz y a un "te quiero" enamorado que deje pasar su luz. Hice la maleta con ropa de invierno y verano, y guardé caricias. Los juegos de dos los escondí entre hueco y hueco, y volví a llorar al plegar las alas que me ayudaron a volar. A ti te dejé fuera, en el rincón de olvidar. Anduve por un tiempo sobre la maleza al bajar de entre las nubes y tengo miedo a ser feliz. Porque mi boca hablaría de lo que esconde el corazón... y ahora calla para evitar el dolor. Porque hay barreras altas que el miedo me impide saltar. Porque envolví el frágil corazón en film alveolar y también lo metí en la maleta, junto a las piezas a color de aquel puzle de letras desmontado, que montado lució por tiempo en la mesa del salón y que decía: "Te querré por siempre, pase lo que pase". Y pasó... y aunque a veces y a pesar de todo, cuando me acuerdo de ti... sonrío. Tengo miedo de volver a ser feliz en cualquier momento, en cualquier lugar, en cualquier idioma, y enredada en cualquier lengua que pueda contener sabor a dolor. Miedo a curar heridas producidas por otro patriota del amor. Y así es como me impide el miedo adquirir el valor de superar otra derrota.
Pinceladas tenues de
algodón
hacen eco en mis pupilas.
El cielo, como un
señuelo,
me invita a danzar con sus tormentas
y yo,
fiel pájaro migrante,
despliego mis alas
para alcanzar lejanías.
Enredada en mariposas
sobrevuelo laberintos encantados,
tierras de auroras boreales
y un mundo de sortilegios
que diluye el tiempo en los relojes.
Descubro en tumultuosos
mares
sinuoso perfil de peces,
reflejos de metal plateado
entre arcoíris de espuma que
navega su destino
hacia playas insondables.
En esas dunas lejanas
quiero lucir collares de cuentas
y se adueñen de mi piel
colores de chocolate y perlas.
Que la boca se haga agua
conjugando dulces y amargores,
en un exótico cosmos
donde habitan los dragones.
En las colosales cumbres,
ser rehén de los misterios
ocultos en crestas heladas y
la piedra me revele,
en susurros,
sus atávicos mensajes.
Quiero
escuchar en mi viaje
un ramo de melodías,
aquellas que dejen huella,
con notas de ecos eternos,
vibración acompasada
al latir del corazón
fundidas con mi sangre,
en una canción perpetua.
¿Las
estrellas
tienen el mismo resplandor
en cada sitio del mundo?
Tal vez su fulgor sea más
puro
si iluminan el camino
de aventureros en vuelo:
los que persiguen ensueños y
las rutas olvidadas
de los tenaces anhelos.
Y a la hora del regreso
desbordante de experiencias,
mecerá mi sueño el agua
y los cantos de sirenas,
con arrullos de silencio,
arropada de inclemencias.
AVERIGUANDO EL DESTINO
A veces las aves quedan silentes:
no desean saber su origen; enseñan sus alas como documentos en vigor, y declaran bajo juramento que no llevan nada escondido entre las plumas.
Conocen el idioma de todos los países siendo esa la forma educada de decirle al aire que ya no pertenecen a nadie.
También juguetean con la idea de una nube donde llorar, mientras sus lágrimas no sean una manera de perderse en la lluvia.
Pero el cielo también tiene sus leyes: los que llegan tarde aprenden a respirar en jaulas pequeñas, a compartir su sombra con otros pájaros cansados, en vez de quedarse inmóviles cuando alguien enciende la luz de la mañana.
Y así termina la migración: de manera inopinada, sin apenas despedidas, sin pasaportes, sin nadie que no pregunte de dónde venían, antes de ponerles un precio.
PENN STATION
viajaron juntos tres estaciones
como si la vida les hubiera concedido
un pequeño secreto.
Porque hay amores que no comienzan
y sin embargo duelen como despedidas;
amores que duran lo que tarda
un tren en desaparecer bajo tierra…
…y personas que uno recuerda durante años
sin haber sabido nunca su nombre.
Quizás el amor sea solamente eso:
encontrar por un instante
a alguien entre miles de desconocidos,
sentir que el mundo se detiene
cuando en realidad continúa.
Quedarse mirando las vías vacías
preguntándose en qué estación
habría sido nuestra vida
si hubiéramos hablado.
VIVO PARA
DEFENDERTE
Este mundo tan
corrupto
que ante su oro
mal se crece,
quitando al hombre
valía,
restando al pueblo
poderes,
se olvida de lo
importante
ignorando a los de
siempre.
El dolor y la
tragedia
día tras día se
extienden.
Los pobres sobre
la acera,
los ricos sobre su
suerte.
El corazón da
latidos;
eco del llanto de
seres
que nacieron de la
tierra
y hasta que a ella
se regresen,
capitanes son del
miedo
y obreros en su
simiente.
que abandona a
quien se duerme
sobre un camino de
espinos
o a la sombra de laureles,
tiene un torpe
caminar
que mi mente no
comprende.
Lleva el aire las
respuestas
a preguntas que
aborrecen
una lucha que no
es justa,
en un mundo donde
emergen
mil caminos a la vida;
y para el pueblo
que viene
mi palabra queda
escrita
como aliento al
menos fuerte.
Salga el sol sobre
la niebla
y eclipse a quien
aborrece
la libertad y la
vida
de aquellos que se
mantienen
erguidos sobre su
lucha
y hambrientos de
mil saberes.
Yo nací para ser
hombre
y soy obrero desde
el vientre:
con las manos, la
cabeza,
con mi aliento
tantas veces.
Yo crecí bajo este
cielo
que de noche se
oscurece
para no ver las
locuras
de aquellos
nombrados jueces.
Aquí estoy para
cuidarte,
vivo para devolverte
los abrazos, las palabras,
y hasta el aire si
acontece.
Lola Alcaraz Bernabeu, accésit 4.
Cada vez que me deslizo
en el mar de mis recuerdos,
me encuentro con ese cofre,
Rojo, Amarillo y Morado.
Cuando lo miro me encojo,
con piel de niño asustado,
y allí lo dejo escondido,
entre historias del pasado.
Me refugio en la poesía,
hoy me encuentro en el taller;
alguien recita un poema,
de nuestro eterno Miguel.
Sus versos desgarradores,
me amargan como la hiel,
y me llevan de la mano
hasta el cofre que enterré.
Se me acerca una figura
con sonrisa y llave en mano:
no temas a tus recuerdos,
yo siempre estuve a tu lado.
Era una noche estrellada,
observaba el firmamento,
comenzó a abrirse aquel cofre,
y a cerrarse mi tormento.
Yo te vi, querido abuelo,
con el poeta Miguel,
compartiendo lucha y siglas,
codo a codo, piel con piel.
Os buscaron con inquina,
señalados por doquier,
y os metieron entre rejas,
para nunca más volver.
Un aciago día de junio,
mi abuelo supo el final:
lloró por sus cinco niños
y su esposa en soledad.
Yo me quedé sin tus besos,
no me pudiste abrazar,
no pude escuchar tus cuentos,
te mataron sin piedad.
Y ahora que te he encontrado,
regreso a ese paredón;
arrancaré con mis manos,
la bala que te mató.
Te arroparé con mi manta,
Roja, Amarilla y Morada,
y te pondré la camisa
que siempre estuvo guardada.
Nos marcharemos del brazo
sin mirar la triste fosa,
te llevaré a nuestro pueblo,
a tu querida Callosa.
Y con la luz de la luna,
guiando nuestro camino,
te iré contando mi vida,
te sacaré del olvido.
Agustín Conchilla Márquez, accésit 5.
LECHO DE SUSPIRO
volar como el ave que transmite calma,
buscar mi lecho en contraste de suspiro,
y fundirme en la música de la estrofa.
como ternura que devuelve pasiones,
con luciérnagas que huyen de abismos,
a las que le hallo belleza en mi verso.
mas las descubro en cavernas de olvido,
como un enamorado de palabras bucólicas
que sonríe al dibujo de la noche.
alejado de la aurora, cual antorcha sin luz,
apasionada en penitencias de alivio
sobre crepitar de brasas cenicientas.
a la tenue luz que ilumina mi ventana,
y me refugio en la caverna del enigma
como un ermitaño, solitario, en rogativa.
con ella edifico el diseño de la estrofa,
añado versos que alimentan nostalgias,
y destellan como témpanos de cristal.
me detengo en su gran playa estelar;
bajo caricias negras, de llanto sin lucero,
y me abrazo a la revelación de un ciego.
ni la desdicha en los gemidos del beso,
sobre brisas que alimentan cortejos
y vigorizan latidos de ensueño.
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